Hay deportistas que, por un motivo u otro, siempre acaban lesionados. Este es el caso tanto de famosos futbolistas, corredores, jugadores de baloncesto y deportistas de élite en general, como de aficionados.

Los factores de las lesiones pueden ser múltiples: desde un entrenamiento mal programado a
factores interpersonales, patológicos,etc. Desde el punto de vista nutricional, podemos decir
que una persona que se cuida de manera intermitente es fruto de posibles lesiones. En el caso
de Heden Hazard, por ejemplo, nos cuentan que en periodo vacacional puede descuidar su alimentación hasta el punto de subir de peso cuatro o cinco kilos y, al volver a la temporada, perderlos de manera fácil y
rápida. Un cuerpo sano y sin secuelas metabólicas no es infinito, es decir, el cuidado o
descuidado de la alimentación repercutirá en un futuro más o menos cercano.

Cuando tenemos malos hábitos alimentarios o hacemos un paréntesis con nuestra
alimentación saludable no solo tenemos cambios morfológicos evidentes (bajada de masa
muscular y ganancia de grasa), sino que tendremos consecuencias metabólicas tales como:

 Hormona tiroidea aletargada y menos eficiente.
 Déficit energético.
 Menos vitalidad.
 Descenso de síntesis de musculatura debido a la falta de ejercicio.

Todo ello podría desencadenar hiperinsulinemia e hiperglucemia, debido a la falta de receptores
en la musculatura, y así facilitar las lesiones.
En deportistas profesionales, tras un periodo vacacional, la musculatura estimulada con la
vuelta al entrenamiento tiene una respuesta rápida y vuelve pronto a su estado original de
volumen y calidad. Sin embargo, el entorno articular y tejidos blandos necesitan un ritmo más
lento de recuperación y es en ese punto donde la lesión inflamatoria se puede presentar. Fascitis y tendinitis son muy típicas en este estado en el que la musculatura está muy desarrollada pero la estructuras que tiran de ella, no.

En ocasiones, el querer acelerar los procesos conlleva a malas decisiones como el descenso de
hidratos de carbono de la dieta. En esas circunstancias de déficit de energía, de estrés e
inflamación, el cuerpo necesita combustible y no lo obtiene, dando lugar a una
gluconeogénesis, es decir, a la obtención energética a partir de los aminoácidos procedentes
de la musculatura, haciéndola, a su vez, más débil. Llegados a este punto, se podría pensar que
una mayor ingesta de hidratos de carbono sería la solución, sin embargo no siempre es así, ya
que la gestión por parte de los receptores no es la correcta. Podría ocurrir un efecto rebote
que ralentice la consecución de los objetivos marcados. Si a todo esto sumamos el estrés de no
llegar al punto que se quiere y al proceso inflamatorio del cuerpo que comporta, suceden las
lesiones en cadena.
Como conclusión, aconsejamos que el cuidado de la alimentación y la vida saludable sea
constante, ya que lo que pensamos que ahora no tiene importancia, con el paso de los años
podría acarrearnos problemas serios.

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